
La dimensión topológica es fácil de comprender ya que nos habla de la conectividad de los puntos del objeto de medida. En los Elementos de Euclides, ya se define, implícitamente y de forma inductiva, el concepto de dimensión topológica euclidiana. Se dice que una figura es unidimensional, si su frontera está compuesta de puntos; bidimensional, si su frontera está compuesta de curvas y tridimensional, si su frontera está compuesta de superficies.
Profundizando un poco más y desde un punto de vista topológico sabemos que la circunferencia y un segmento rectilíneo son la misma curva y encierran el mismo tipo de superficie (pues es posible transformar una en la otra mediante una deformación continua, ahora bien, desde un punto de vista métrico no son la misma curva, ya que la circunferencia y el área que encierra, el círculo, son finitos, y, en cambio, el segmento, aunque es finito, no encierra con su borde un área finita. Aparece aquí, entonces, una característica moderna de las matemáticas: intentar clasificar los objetos por lo que se conserva, por los invariantes, y analizar, por otra parte, qué ocurre con lo que no se conserva, cómo hay que analizarlo, qué hay que hacer con ello, cómo integrarlo en el mundo de los entes matemáticos. En el ejemplo anterior, lo que se conserva es su carácter topológico, es decir, su dimensión topológica.
Señalaremos finalmente que el propio concepto dimensión tiene un significado matemático muy amplio, y por lo tanto se ofrecen un amplio repertorio de definiciones. Entre ellas existe siempre la noción de recubrimiento del objeto estudiado, por otra forma matemática cuyo diámetro tiende a cero. Si tenemos en cuenta la definición inductiva de dimensión topológica dada por Poincaré (” un objeto tiene dimensión topológica “m” cuando cualquier recubrimiento de ese objeto, tiene dimensión topológica “m”), debemos añadir que el conjunto vacío tiene dimensión –1.
Una definición distinta de dimensión topológica es la definición por semejanza, llamada también de autosemejanza, que sugirió Felix Hausdorff en 1919, readaptada posteriormente por Besicovich (dimensión de Hausdorff-Besicovich) y que se recoge en la definición de fractal que propone Benoit B. Mandelbrot.



